12 feb 2011

Volvió una noche

El gordo volvió NEGRO. Negrísimo, y eso que es blanco teta. Y eso no es nada, perdió el celular y el trípode de la cámara. Me cuenta que durmieron apilados los tres porque a dos de ellos les sobra bastante humanidad.
De acá se llevó una silla de mar y me mostró orgulloso como la había embalado para el viaje.
Cuánto le duró la silla en el camping?? Tres segundos. 
A pesar de la constante hambruna el gordo no se percató de un pequenísimo detalle: yo lo había provisto con sopas Knorr, que jamás fueron consumidas, fueron a pasear nomàs las sopitas ricas. Cuando llegó acá recién se percató. Què loco, no? Yo en esas eternas 6 noches de hambre hubiera buscado que comer hasta en los bolsillos de los shorcis.
El gordo es más estoico.
O más vagancia.
Solo faltó Wilson....

Segundo día: los campamenistas se exceden en los gastos y almuerzan un kilo de pan con cafè con leche (calentado en ese cacharro desagradable)



La belleza del paisaje justificó el hambre.

2 comentarios:

Mariela Torres dijo...

¿No se dio cuenta de que tenía las sopas? Entonces, tanto hambre no tuvo.

Besos.

Blonda dijo...

No podría volver a la época de campamento de la escuela.
Necesito comida decente, wi fi y televisión en colores...

Me voy poniendo vieja ajaja

besos!